Más beneficios al invertir desde temprana edad, pero nunca es tarde para empezar |
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Por Joan Lanzagorta

La inversión es uno de los aspectos fundamentales de nuestras finanzas personales y por ende, de nuestra vida entera. Por ello, mientras antes empecemos a hacerlo, mejor estaremos en el largo plazo por las siguientes razones:
1. Obtenemos el beneficio del interés compuesto: nuestro dinero se multiplica a un ritmo más rápido mientras permanece más tiempo invertido.
2. Obtenemos disciplina: aspecto fundamental para el éxito de cualquier plan financiero y de inversión.
3. Obtenemos experiencia y conocimientos que nos permiten hacernos más inteligentes: mientras más pronto nos acostumbremos y nos familiaricemos con los diferentes instrumentos de inversión que existen, más fácil será identificar aquellos que son más adecuados a nuestras necesidades y a nuestro propio apetito de riesgo.
Por lo anterior, es muy importante empezar a ahorrar e invertir ese ahorro lo antes posible, idealmente al momento de recibir nuestro primer salario.
De cualquier manera, no importa qué edad tengamos ahora, nunca es tarde para comenzar a pensar seriamente en el ahorro y la inversión y para hacerlo.
Primer paso
El primer paso para comenzar a invertir de manera exitosa es lograr hacer del ahorro un hábito, una disciplina. Sólo de esta forma podremos lograrlo: mediante el ahorro constante y regular.
Posteriormente, debemos decidir cómo invertir el dinero que estamos ahorrando.
Y la forma como tomaremos esta decisión es mediante el análisis cuidadoso de nuestras necesidades y de nuestros objetivos de vida. Todos tenemos metas, que necesariamente requieren recursos monetarios.
Pues bien, las finanzas personales no son más que una serie de principios que nos permiten establecer un plan para lograrlas.
Por ello, una vez que nos hemos formado el hábito de ahorrar, debemos poner a trabajar esos recursos de tal forma que nos permitan obtener lo que realmente soñamos.
En este punto es muy importante hacer un alto en el camino y reflexionar, profundamente, cómo visualizamos nuestro futuro.
Siempre debemos empezar desde lo más lejano hasta lo más cercano, es decir, primero debemos ver cómo queremos vivir al momento de nuestro retiro.
¿Por qué? Porque suelen ser las metas más importantes, y si no las tomamos primero en cuenta, las olvidamos ante nuestras necesidades, o deseos, de corto plazo. Y cuando nos damos cuenta esta demasiado cerca y es demasiado tarde.
Crecimiento o ingreso
Entonces, una vez que hemos hecho esa introspección, debemos preguntarnos ¿para qué queremos ese dinero que estamos ahorrando?
La respuesta (o respuestas, en caso de que tengamos más de una meta) suele ayudarnos a determinar si queremos poner nuestros ahorros en productos de inversión que nos generen un ingreso, o bien que se enfoquen en el crecimiento del valor de nuestra inversión hacia el largo plazo.
Por ejemplo, si nuestra meta es el retiro y tenemos hoy 20 años, lo lógico es invertir nuestros recursos en productos que generen un crecimiento de nuestro ahorro en el largo plazo, ya que no necesitaremos hasta dentro de mucho tiempo, de nuestros rendimientos.
Por el contrario, si ya nos hemos retirado, necesitaremos hacer retiros de los intereses generados por nuestra inversión, tratando de mantener intacto, hasta donde sea posible, el valor real de nuestro capital.
Riesgo, hasta en los más “seguros”
Cualquier instrumento de inversión conlleva cierto riesgo.
Incluso los instrumentos que pensamos que son “seguros”, como algunos pagarés bancarios que pagan tasas por debajo de la inflación y que por lo tanto generan el riesgo de que el poder adquisitivo de nuestro dinero se reduzca sustancialmente.
En materia de inversión, el riesgo se define como el cambio o la fluctuación en el valor de nuestra inversión a lo largo del tiempo.
Por eso, el horizonte de nuestra inversión juega un papel preponderante para elegir el plazo de acción.
En el largo plazo, tendremos una mejor tolerancia al riesgo, ya que si el valor de nuestro portafolio se reduce, tendremos mucho tiempo para recuperar esa pérdida de valor e incluso generar ganancias interesantes.
Caso contrario ocurre en el corto plazo, por ejemplo al ahorrar para constituir un fondo para emergencias o para juntar para el enganche de un automovil o de una casa, nuestra tolerancia a que el valor de nuestra inversión fluctúe es menor ya que necesitaremos disponer de los recursos en un plazo relativamente corto, no habrá el tiempo suficiente para recuperarnos si ocurre un evento económico inesperado que afecte el valor de la inversión.
Te invito a que me envíes tus preguntas, dudas y comentarios a través de mi página en Internet: www.planeatusfinanzas.com, así como a mi correo jlanzagorta@eleconomista.com.mx
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